Ver llorar a un padre frente a tus ojos es duro.
Verlo sufrir porque tiene miedo a lo que pueda ocurrir no es nada grato.
Tenerlo al frente implorando que te quedes con él, que no lo dejes solo porque se siente débil y no sabe de dónde conseguir las fuerzas, es conmovedor.
Saber que la mujer lo está extorsionando, le exige separación, le impone la división de los bienes, lo está maltratando, amenazando y presionando, es doloroso.
Tomar conciencia que esa mujer cruel y despiadada es tu madre es devastador y tremendamente difícil de aceptar… aunque necesario.
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miércoles, 15 de abril de 2009
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